Palermo se localiza un enclave rodeado, en tres de sus partes, por montañas y, la cuarta, por mar. Con clima típico mediterráneo, destaca su puerto natural, que debido a su configuración, fácil acceso para los desembarcos y protegido de las tormentas, ha atraído, desde tiempos antiquísimos, a numerosos pueblos a establecer sus asentamientos en la ciudad.

Entre los siglos VII-VI a.C. tuvo lugar el asentamiento de los fenicios, pueblo de origen semítico que fundó conocidas ciudades a lo largo de la costa del Líbano. Ziz (flor), según aparece en una moneda, fue el nombre que el pueblo semítico dio a Palermo durante su colonización. A los fenicios se debe la invención del alfabeto, que transmitieron a grecos y romanos. Pueblo fundamentalmente marinero, los fenicios, circunnavegaron todo el Mediterráneo, fundando colonias para su comercio por todas partes.

Sorteando vicisitudes, (las guerras con Dionisio de Siracusa), la ciudad se iba desarrollando. En el siglo VI a.C. se construyó una importante parte de muralla, que constituía la PALEOPOLIS (ciudad antigua). En el siglo IV a.C. se construyó la NEAPOLIS (ciudad nueva) con fortificaciones posteriores. La flota púnica se refugió en la ciudad en varias ocasiones, en el año 480 a.C. durante la guerra entre cartagineses e himeros (colonia griega asentada en Sicilia) y posteriormente en el año 406 y en el 391, en el puerto de Panormus (todo puerto).

El político y militar de Siracusa, Hermócrates, intentó conquistar Palermo en el año 408, pero la ciudad, con la sola excepción de la breve ocupación de Pirro (año 276), siguió bajo la dominación de los cartagineses hasta la conquista romana en el año 254 a.C., habiendo fallado también los sucesivos intentos, primero de Asdrúbal, que en su entrada en la ciudad con los elefantes fue derrotado por Cecilio Metelo y, más tarde de Amílcar Barca, que llegó a fortificarse en el monte Pellegrino, amenazando a la guarnición romana, pero, finalmente, cuatro años después, abandonó la posición y Palermo se convirtió en un floreciente municipio sobre el que Augusto en el año 20 a.C. instituyó una colonia. Haciendo lo mismo, años después, Vespasiano y Adriano.




Los vándalos, guiados por Genserico, asediaron Palermo, sin permanecer aquí, sin embargo, a partir del año 476 llegaron los Godos, cuyo rey Teodorico, intentó implantar una política de colaboración con presencia de elementos latino-católicos, llegando incluso, Severino Boezio, ministro de Teodorico, a casarse con la palermitana Elpide. La población pasará a padecer vejaciones sólo en la última fase del dominio godo.
En el año 535 la flota del imperio romano de oriente, guiada por Belisario, consiguió oprimir al pueblo godo. La iglesia romana aumentó su influencia y Gregorio magno puso a Palermo en lo alto de la administración de los bienes de la Sicilia occidental. Durante más de dos siglos, los bizantinos permanecieron en Palermo, la lengua oficial era el griego, usada entre griegos y soldados, como lengua de los magistrados, o para redactar las leno; aunque la esencia, la vida familiar y el espíritu de los palermitanos eran latinos y como tal se reforzó su sentimiento de “nación”.
En el año 831 se produjo la incursión de los musulmanes. Con la conquista de la dinastía Algabita, Palermo asumió el papel de ciudad fortificada, dentro de la verdadera ciudad, el "cassaro", era atravesado por un eje desde el que discurría una serie de callejuelas estrechas sólo accesibles para peatones o por un caballero. Se trataba de la ciudad mercado, con una absoluta distinción entre vida pública y privada. En el año 910, cuando tomaron el poder los emires Fatimí, se construyó un nuevo barrio fortificado, la kalsa (la elegida), que se convirtió en sede de los emires, sustituyendo el anterior emplazamiento.
En las afueras vivía el resto de la población, normalmente los más pobres. Jardines y huertas se insertaban en el territorio. La cuenca de oro tuvo un extraordinario desarrollo de la agricultura, cítricos, papiros, plantas de algodón, moreras para la elaboración de la seda, talleres para la elaboración del papel de escritura, de las cuerdas de las embarcaciones y de esteras. Notable desarrollo tuvo además el pastoreo, el adiestramiento de caballos y la producción de colmenas.
Fueron doscientos años, como escribió Amari, de una "civilización y una prosperidad desconocidas por otras regiones de Italia". Ibn Gubair, escritor árabe que vivió en Palermo en tiempos de los normandos, no dudó en comparar Palermo con Córdoba y Edrisi, y describió la ciudad que habían dejado los árabes como: " bella e inmensa ciudad, el mejor y más espléndido entorno…Palermo tiene edificios de tanta belleza que los viajeros se ponen en camino atraídos por la fama de las maravillas que ofrece la arquitectura, el exquisito trabajo, el ornamento de tantos peregrinos que se han descubierto en el arte”.

En 1072 dio comienzo el reino de los normandos, que supuso, después de la era de la tolerancia, la presencia decidida de Sicilia en Occidente. Su elección dentro de Europa se debió a la afinidad de lengua, cultura y fe religiosa que existía entre normandos y sicilianos. Los normandos establecieron en Palermo una solidaridad convencida y plena, que determinó la ruptura con lo árabe, persiguiendo la tolerancia que habían demostrado árabes y judíos, griegos y latinos, en época de fanatismos y de guerras religiosas, al convivir con el respeto recíproco de las distintas raíces, como consecuencia de la estrecha alianza de los normandos con la iglesia.
A Roberto el Guiscardo se le asignó la administración de la ciudad. Reinó con sabiduría y gran capacidad administrativa una sociedad mezcla de gentes de varias religiones, lenguas y culturas. Se instituyeron, por tanto, normas de derecho público constitucional con el fin de reconducir la personalidad jurídica de cada individuo, haciendo explícita la obligación del respeto a las leno, con plena libertad para emigrar.
A finales del siglo XII se cerró la edad normanda, bajo el dominio de los Suevos, Arrigo VI en primer lugar, seguido del gran Federico II, la isla alcanzó parte del sueño imperial del rey, que actuó sobre un enorme tablero de ajedrez político del que Sicilia era el único centro, bajo su reinado nació la escuela poética siciliana, que constituyó la semilla que propagó la lengua vulgar hasta el nacimiento de la lengua italiana.
El dominio de los Anjou en Sicilia fue breve. Federico II a su muerte dejó el reino de Sicilia a su hijo más joven, Enrique, pero se otorgó la regencia al hijo bastardo Manfredo. Al morir Enrique prematuramente, Manfredo fue coronado el 11 de agosto de 1258. Mientras tanto, Carlos de Anjou, que había llegado a Italia y había sido coronado por el Papa en Roma, quiso dirigirse sin demora a Palermo y en Benevento se enfrentó a Manfredo que murió al frente de su ejército. El 26 de febrero de 1266 Corradino, que había venido desde tierras Germánicas en su ayuda, fue derrotado en Tagliacozzo y, tras ser hecho prisionero, Carlos de Anjou ordenó su decapitación en la plaza del mercado de Nápoles el 29 de septiembre de 1268. En este momento se instauró la llamada "mala signoria" de los Anjou en Sicilia.
El pueblo se sublevó en 1282, un lunes de pascua, como reacción a la gesta de un soldado francés que quería descubrir a una joven señora. Al grito de “muerte a los franceses" se inició una verdadera carnicería: i vespri siciliani (guerra de las “vísperas sicilianas”), que se extendieron por toda la Sicilia. De esta forma se ofreció la Corona a Pedro III de Aragón, el 4 de septiembre de 1289.
Tras la paz de Caltabellota, en 1302, Sicilia pasó a manos de los aragoneses. En Palermo se llevó a cabo una política tributaria para la reconstrucción del puerto y de las murallas de la ciudad.




En 1415 llegó a Sicilia el primer virrey aragonés, y Sicilia pasó a formar parte de la Corona aragonesa, participando de la cultura europea a través la mediación española.
Al respeto urbanístico y de las edificaciones de las ciudades sicilianas en general y de Palermo en particular, contribuyó la "pragmática", ley promulgada por el rey Martino en 1406. Como consecuencia de esta ley, que anticipó el concepto de expropiación por utilidad pública, se consintió a la clase alta burguesa que construnoe palacios como el de Aiutamicristo, Abatellis, Patella, etc.
Palermo estuvo durante un siglo bajo el señorío de los Chiaramonte, que engañaron a la nobleza catalana y se enfrentaron al poder regio desde su castillo, el Steri (de osterium), los Chiaramonte consiguieron mantener un poder personal que será sustraído por Martino “el Joven”, quien eliminará sus ambiciones ordenando la decapitación de Andrea, el último representante de la familia.
El pueblo palermitano, dirigido por Giuseppe de Alessi, se reveló violentamente al dominio español en 1647 (15-22 agosto); dos años más tarde, una conjura de la burguesía guiada por Giuseppe Pesce, intentó eliminar al virrey Juan de Austria. Tras el breve reinado de de Amadeo de Saboya (1713-18), a quien había correspondido Sicilia en el Tratado de Utrecht, la isla y su centro principal pasaron a manos de Carlos VI de Austria, por el Tratado de Aja.
En 1735 comenzó el dominio de los Borbones hasta el año 1860. Un largo período marcado por la prepotencia de la baronía y el paternalismo de los Borbones. La nobleza construyó en Palermo espléndidos palacios, villas y casas de campo de extraordinaria belleza. El parlamento sostuvo con vigor los privilegios de barones y eclesiásticos. En 1814 los Borbones conviertieron a Sicilia en una provincia del reino y nombraron un lugarteniente. Hacía ya tiempo que los sicilianos no soportaban con agrado el régimen borbónico y con cierta frecuencia estallaban revueltas y tumultos.
La primera fue en 1820, seguida de los motines en los años 1848 y 1860 en los que se vio una participación cada vez más popular y extendida. Inició así la marcha hacia la unidad nacional. La epopeya garibaldina en Sicilia se convirtió en la lucha del pueblo, los miles de jóvenes, que formaron el ejército de Garibaldi, constituyeron el sello de la participación convencida y generosa de la ciudad donde primero nació la lengua del sí, y durante mucho tiempo el pueblo tuvo que estar sometido a la política y convertirse en objeto.
En el nuevo Estado Nacional, Palermo, después de medio siglo de abandono, fue curando poco a poco sus heridas; se formó una burguesía mercantil con una tímida actividad industrial; la ciudad se expandió más allá del centro histórico, aparecieron nuevos barrios, se realizó el “corte” de via Roma previsto en el plano regulador Giarruso; realizado sobre el modelo de las grandes capitales europeas, se construyeron dos grandes teatros, el Politeama y el Massimo. Es la época de los Florio, familia de previsores emprendedores, que dieron un importante empuje al comercio, la cultura y las artes, y gracias a los que, en los primeros veinte años del siglo XX, Palermo atravesará una época florida, convirtiéndose en destino europeo de renombre. En este renacimiento es fundamental la obra de Ernesto Basile, entorno al cual se reunieron artistas y maestres de alto nivel que dieron vida a la breve estación del Liberty. Profundamente herida en su tejido urbanístico por las bombas de la segunda guerra mundial, Palermo en 1947 – con la Autonomía de Sicilia – se convirtió en sede del Gobierno y de la Asamblea Regional Siciliana

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